Antes de hacer invitaciones, estábamos adentro de los eventos. Y ahí vimos, una y otra vez, lo mismo.

Trabajando en eventos nos dimos cuenta de que la invitación era siempre la parte más bonita… y la más incómoda. Tarjetas hermosas que se imprimían, se repartían y terminaban perdidas en un cajón, mientras los novios perseguían a cada invitado por WhatsApp para saber si venía.
Quisimos que la invitación hiciera algo más que avisar una fecha: que mostrara el lugar, contara la historia de la pareja y, sobre todo, que le respondiera a los novios quién iba a ir. La primera la hicimos casi como un experimento, para una sola familia.
Los invitados empezaron a preguntar quién se las había hecho. No por la fiesta: por la invitación. Ese fue el momento en que entendimos que no habíamos hecho una tarjeta digital, habíamos hecho la primera impresión del evento entero.
Con más eventos encima apareció el siguiente dolor: la puerta. Listas impresas, gente que entraba de más, nadie sabiendo cuántos había adentro. Le pusimos a cada invitado su código QR y un escáner en la entrada. Dejó de ser una invitación para ser el sistema del evento.
Seguimos haciendo cada invitación a mano, una por una, con el mismo cuidado que la primera. Cambiaron las herramientas y creció el equipo, pero la idea es la misma: que cuando alguien abra tu invitación, sienta lo que va a ser esa noche.
Somos un equipo pequeño, y es a propósito. Cada invitación pasa por nuestras manos: cuando escribes, hablas con las mismas personas que la están diseñando.
Fundó Invítame y sigue de cerca cada evento que pasa por aquí.
Da forma a las colecciones y diseña las invitaciones a medida.
Arma tu invitación pieza por pieza hasta que queda como la imaginaste.
Está del otro lado cuando escribes y te acompaña desde la primera consulta.
Fotos del equipo: próximamente ✦
Cuéntanos cómo imaginas tu evento y la convertimos en una invitación a la altura del día.